Otro ejemplo de David contra Goliath
20 niños, adolescentes y jóvenes de Llallagua tomaron la decisión.
Agarraron 28 arbolitos y fueron a sembrarlos en un basurero.
Al principio nadie les daba bola.
Dos adolescentes escribieron la idea: convertir el basurero de la zona 7 en un hermoso bosquecillo, un pequeño pulmoncito en esta población de 40 mil habitantes.
Se presentaron a un concurso nacional. Ganaron la competencia. Los financiadores, una ONG boliviana les premió con 2 mil bolivianos, un poquito menos de 300 dólares.
Con el proyecto en la mano, llamaron a los dirigentes de la zona, llamaron a los papás y llamaron a los niños, adolescentes y jóvenes del lugar.
Borraron, reescribieron la idea y luego se armaron de valor para hacer realidad su sueño.
La respuesta fue tibia. Entonces golpearon las puertas de las radios, canales de televisión.
Fueron a mostrar el basural, lo recorrieron de punta a canto… como no lograban su objetivo se hicieron un lugarcito, un poquito más allá, en un pedacito de tierra en pendiente, alrededor de un pequeño manantial que también está rodeado de basura.
Allí empezaron a cavar el domingo 20 de septiembre, justo un día antes de la llegada de la primavera y día de la juventud en Bolivia.
Allí sembraron los 28 arbolitos. Los cubrieron con defensivos de barro, alambres, latas y todo lo que encontraron.
El trabajo empezó a las 9 de la mañana y terminó a la una de la tarde, cuando el sol brillaba intenso, alegre por esa nueva historia que escribia David en este pequeño pueblo del altiplano boliviano.
Los adolescentes, niños y jóvenes reían, en algún momento bailaron acompañados por un equipo de sonido.
La reportera Milca Quispe de Radio PIO XII acompañó a estos héroes y heroínas del medio ambiente.
Con sus 13, 14 y 17 años encima tuvieron el valor de sembrar vida allí donde hay muerte.
Al final, remataron el trabajo con unas salteñas, empanadas bolivianas con caldo, patata y carne adentro.
Luego antes de la despedida se entregaron certificados: allí los niños, jóvenes y adolescentes estamparon sus firmas jurando que adoptaban un árbol y le ponían el nombre.
Me tocó entrevistar a la niña que puso el nombre de VALENTIA a su arbolito.
El compromiso era, regarlo, cuidarlo todos los días, protegerle de los animales y darle mucho cariño.
En caso de muerte, cosa que ojalá no ocurra, el compromiso es conseguir dos arbolitos y sembrarlos en el mismo lugar.
La idea se hizo grande porque me enteré que la ONG CIPE, decidió sembrar miles de árboles en dos años en toda la provincia Bustillo, donde están los municipios de Uncía, Chayanta y Llallagua.
Ayer volví a ver los árboles y aún están ahí… algunos con la tierra húmeda, señal de un riego reciente. También me enteré que hay más arbolitos esperando turno para echar raíces en tierra.. Estas niñas y jóvenes volverán pala y picota en mano a la siembra, será la siguiente semana.
28 ARBOLES SEMBRADOS PARA DETENER LA CONTAMINACIÓN EN EL MUNDO.
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